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Mediación en caso de divorcio de mutuo acuerdo



Cuando llega el momento en que un #matrimonio decide poner fin a su vida en común y pronuncian la palabra “#divorcio”, se comienza a preparar un coctel en el que emociones, patrimonio, hijos y responsabilidades entran en el vaso y se mezclan haciendo el trance algo más complicado de lo que esperaban. Pero aun falta la guinda del coctel: los abogados y el proceso judicial que tienen que enfrentar.

Entonces empieza el proceso. Cada uno de los cónyuges, pues todavía lo son ante la ley, elige un abogado que lo asesore y represente sus intereses. Cada uno de ellos paga a su abogado el abono inicial para que comience a trabajar el asunto. Días más tarde, ponen sobre la mesa un primer borrador de convenio de divorcio para que revise el otro cónyuge con su abogado.

En este punto ya se perdieron las emociones, las vivencias y todo lo bueno que esa convivencia les brindó en otro momento. Los hijos se convierten en armas arrojadizas y el patrimonio que generaron juntos comienza a diluirse y, en ocasiones, hasta pierde su valor.

El borrador de convenio de divorcio va y viene con cambios, correcciones y puntos a negociar hasta que, meses más tarde terminan llegando a un acuerdo. Le sigue la audiencia ante el juez y, finalmente, obtienen la sentencia de divorcio, a la que le sigue el pago de honorarios pendientes de cada uno de los que fueron cónyuges a su abogado.

Sin embargo, el tiempo que duró el matrimonio bien merece la pena evitar el desgaste emocional que conlleva el proceso judicial. Mantener el respeto y entendimiento mutuo son claves para cerrar un buen divorcio. Por eso muchas parejas deciden evitar el proceso judicial y poner su divorcio en manos de un #mediador.

Ellos mismos, los mediados, serán quienes lleguen a la concretar cada uno de los puntos de su convenio de divorcio de la forma menos dañina y más equitativa, dirigidos siempre por la figura del mediador.

Comienzan en una primera sesión en la que ambos mediados se sientan con el mediador. Cada uno de ellos expone la situación desde su punto de vista. El mediador procura que queden claras ambas posiciones y los va dirigiendo en esta negociación en la que se busca un “ganar-ganar”. Con buen talante, unas tres sesiones después cierran el acuerdo.

Revisado y firmado el acuerdo por los mediados, se inscribe el convenio en el Centro de Justicia Alternativa, adquiriendo éste el carácter de cosa juzgada, igual que una sentencia, llegando a ser ejecutable en caso de incumplimiento por alguna de las partes.

Durante el proceso de #mediación las partes acordaron con el mediador cuándo tener sus sesiones, lo que le dio mayor flexibilidad a este proceso. Los mediados, guiados en todo momento por el mediador, fueron acercando posiciones hasta llegar cerrar el convenio, por lo que tiene mayor garantía de cumplimiento por ambas partes. El trato se hace más #humano pues con la mediación, las partes y su proceso de divorcio dejan por fuera la actitud beligerante que aportan los abogados.

En un proceso donde las emociones están a flor de piel como es un divorcio, es importante contar con alguien imparcial capaz de entender la carga emocional de los mediados en ese momento y cuyo objetivo sea que lleguen al mejor acuerdo para ambos, sin que uno se imponga sobre el otro.

Al final, a través de la mediación, tendrán un divorcio en el que se tuvieron en cuenta no sólo los intereses de cada uno sino también sus emociones. Se habrán beneficiado de la #flexibilidad para coordinar cada una de las sesiones y habrán evitado fricciones y daños colaterales. Además de obtener los resultados deseados con unos #costos económicos, procesales y temporales considerablemente inferiores a los del proceso judicial.

 
 
 

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